La gran pasión de Lanzarote

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FÚTBOL FEMENINO. El delantero del Espanyol abre una escuela en Tarrasa donde prima tanto la formación deportiva como la personal.
Artículo de Edurne Concejo. Marca
A pesar de haber dado el salto a Primera, Manu Lanzarote sigue apostando fuerte por el fútbol femenino. Su primer contacto con este mundo llegó a principios de la pasada temporada cuando aún era jugador del Sabadell. Lanza se dejó seducir por el fútbol femenino y empezó a entrenar al Juvenil A del club arlequinado.
Este año, junto con algunas de las personas que lo acompañaron, ha puesto en marcha un proyecto innovador. Se trata de la Escola Femenina Manu Lanzarote, un club de fútbol que va más allá de la práctica del deporte rey, es una escuela en su sentido más amplio. Además de practicar deporte, sus instalaciones cuentan con aulas de estudio para que las chicas puedan hacer los deberes, recibir clases de repaso o inglés, zonas comunes para merendar y compartir las tardes juntas.
Lo explica el propio Manu Lanza: “Nuestra idea es que vengan aquí después de clase y puedan estar hasta las nueve de la noche. Muchos padres creen que si juegan no pueden estudiar y el objetivo es que cuando salgan de aquí tengan toda la parte académica acabada y solo tengan que cenar, que jugar a fútbol no sea una carga para las chicas”.

El origen, en Sabadell
Una nueva concepción que Lanza descubrió junto a Antonio Bedoya, cuando entrenaban juntos al Juvenil del Sabadell: “Todo esto es gracias a Antonio, lo conocí en el Sabadell y tiene una forma de ver el fútbol que va más allá de jugar, apostamos por los estudios, por formarlas como personas y que se sientan participes de un grupo”.
El proyecto nació pensado para integrarlo dentro del CE Sabadell pero no hubo acuerdo y finalmente se ha instalado en el campo del San Lorenzo de Tarrasa. “Nuestra primera opción fue Sabadell, pero cuando no salió pensamos que había que tirarla hacia delante y junto con Antonio decidimos formar una escuela, algo que fuera nuestro. Al final creo que ha sido lo mejor, llevo una escuela con mi nombre, no tengo que estar pendiente de terceros y toda la responsabilidad es únicamente nuestra”, confiesa Lanza.
El ahora jugador del Espanyol explica los motivos que los llevaron a establecerse en la ciudad vecina: “Después de hablar con todos los ayuntamientos de la comarca creemos que Tarrasa es el más indicado, porque han sido pioneros en el desarrollo del fútbol femenino, con las jornadas de fútbol femenino de Cataluña, apostando por el fútbol base y por una manera distinta de formar”. La escuela está pensada, además, como un nexo de unión con la comunidad: “Queremos vincularnos a la ciudad y a sus asociaciones, y colaborar con ellas, aportar algo a la comunidad”, dice Lanza.

Apuesta por la formación
Antonio Bedoya es uno de los pilares sobre los que se construye la escuela, bastan cinco minutos para darse cuenta de que entiende el fútbol de una manera muy especial: “Observamos que las chicas llegan a las últimas categorías con pocas herramientas, quizás porque se entrena más para ganar el sábado que no para formarlas. Apostamos por una metodología más de asimilar conceptos que de ir a uscar resultados”, explica. La idea es que las chicas se formen acorde a su edad para que, en un futuro, estén preparadas para competir al más alto nivel, porque a pesar de la voluntad formativa de la escuela, aseguran que es compatible con lograr un buen nivel competitivo: “Precisamente porque queremos llegar a ser competitivos creemos que las chicas necesitan una buena formación de base. La competición es innata, la tenemos todos desde que nacemos pero somos más competitivos cuantas más herramientas tenemos”, explica Antonio.
La esencia de la escuela se puede entender a través de una frase del propio Antonio: “Son futbolistas diez o doce años, pero son personas toda la vida”. Esta filosofía tiene como resultado un proyecto que seduce a todo aquel que lo conoce, formación integral para convertir a las chicas no solo en futbolistas, sino en mejores personas.
Para ello, otra de las piezas fundamentales, es la gestión de grupo, como explica Lanza: “Nuestra idea es que las mayores y las pequeñas se conozcan, que entrenen siempre los mismos días, que jueguen unas después de otras para que se animen desde las gradas”.
“Queremos que las mayores ayuden a las pequeñas, ya que estas serán el ejemplo a seguir de las pequeñas, tienen mucha responsabilidad y queremos que entiendan lo que significa eso”, significó.

Equipo de ilusión
Manu Lanza ha demostrado ser un crack dentro y fuera del campo. Ha trabajado como el que más para sacar adelante un proyecto del que se siente orgulloso: “Han sido muchas horas de trabajo, durante seis o siete meses ha habido miles de reuniones pero me gusta lo que hago, me ilusiona y estoy orgulloso de este proyecto”.
La escuela nació entre Lanza y Antonio, pero en seguida se unieron a ellos Pedro Salado y Gerard Pous, entre los cuatro han logrado que el proyecto pase a ser una realidad y cada día son más las personas que se unen a ellos: “Estamos encantados con la gente que se está involucrando con el proyecto”, asegura Lanzarote.
Esta nueva entidad ha creado un grupo muy implicado, con ganas de trabajar y mucha ilusión. Lo forma gente que realmente cree en esta filosofía, la fe que tienen en esta escuela y la pasión con la que explican el proyecto te atrapan. Todos empezaron colaborando para echar una mano y acabaron quedándose, y es que es difícil no querer involucrarse en algo así. Incluso varias de las jugadoras que entrenaron con él en el Sabadell han querido venir atraídas por esta forma de concebir el fútbol. “No es como un club cualquiera” asegura Cristina Picón. “Muestran más interés por nosotras y dan a conocer un deporte del que casi no se habla”, explica otra jugadora, Nuria Martínez.
Andrea Martínez también lo tuvo claro a la hora de venir a esta escuela: “Mi principal motivo es el protagonismo que nos dan aquí a las chicas, al ser solo un club femenino nos sentimos importantes. En todos los clubes siempre está en primer lugar el equipo masculino y luego va el femenino”.
La madre de Andrea también ve con buenos ojos esta escuela: “A nosotros como padres la verdad es que nos hace mucha ilusión y a medida que fuimos teniendo más información sobre el proyecto, pues más aún”.

Implicación
Manu está tan implicado con este proyecto que incluso decidió dar su nombre a la escuela, pero no se siente la estrella aquí, sigue siendo igual de humilde que siempre y apuesta por la gente de la que se rodea. Pedro Salado es el encargado del área de comunicación de la escuela, y confiesa que tener a Lanzarote como un referente de la escuela es un punto muy positivo a la hora de la difusión: “Que Lanza sea la imagen ayuda muchísimo, nos estamos dando a conocer a través de las redes sociales (@EFManuLanzarote) y los seguidores que tiene Manu en una red social, por ejemplo, ayudan mucho ya que está continuamente informando de temas de la escuela”.

Buena estructura para que salgan los números
La escuela no solo es innovadora en el plano deportivo, se trata de una forma distinta de entender el mundo del fútbol y esto incluye la gestión económica. Gerard Pous es el responsable del proyecto empresarial y asegura que lo más complicado no ha sido encontrar financiación: “Me gustaría empezar a romper ciertos mitos en el fútbol, si una cosa es deficitaria es porque no está bien estructurada. Si los números no salen es porque alguien no ha hecho su trabajo o porque no le ha puesto el suficiente empeño. Cuando un proyecto no es viable, hay que hacerlo viable o abandonarlo”.

Consulta el artículo original de Marca:
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